19.7.10

Night shift

Sentado en su cama, de espalda a la pared, le pide nostalgia prestada a canciones de décadas pasadas. Por medio de sus dedos nicotinosos teclea historias en cuyas letras no se encuentra lo que pretende decir. Quiere café, pero no queda. Se echa el pelo para atrás una y otra vez, pues está nervioso, solo y nadie puede notar sus entradas ni las imperfecciones de su frente.
Está sentado porque es más cómodo para teclear, y escribe porque no encuentra una manera acertada para expresar lo que le está ocurriendo en el corazón. Las canciones las escucha para inspirarse, y el café lo quiere para activar sus sentidos. Está solo temporalmente, y en unas horas dejará de estarlo; le complica mostrar sus imperfecciones ya que desea estar presentable para el hombre que ama.
No está triste, sino algo ansioso y frustrado. No con la vida, sino consigo mismo, por no ser capaz de trepar al cielo y bajarle una nube desde ahí. ¿Una nube? Sí, una nube. Su hombre alucina con las acumulaciones de gotas microscópicas de agua. Si le baja una, podrá demostrarle todo lo que en el texto no puede. Eso es lo que no consigue escribir.

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27.6.10

mmm

Quisiera decirte todo, pero se me abultaron las palabras. Mejor te cuento que, te guste o no, probaré que dichas ideas son erradas. Lo haré, y ya no pensarás más mal, y los químicos se acabarán y entenderás al fin que mi problema es solucionable.

Mejor me voy a dormir, con el cuello, la nariz tapada y mucho dinero ahorrado en gotas.

9.6.10

Esto no es un relato

Puede que los acontecimientos no sean perfectos, que las decisiones a veces nos jueguen en contra. Somos humanos y tenemos una licencia impresa en la frente que nos permite equivocarnos una y otra vez. La condición que pone dicha licencia es, como todo en la vida, que de cada tropezón se deben sacar ideas en limpio.
Sin embargo, cada día estamos más cerca de la luz al final del tenebroso túnel que nos pone a prueba, pues nada es gratis en la vida. Y si pensamos que lo gratis o barato siempre es de mala calidad, podemos encontrarnos con que, a pesar del dolor, hay un cierto grado de satisfacción cuando algo logra superarse.
Puede que existan incidentes que no sean perfectos, que mis ojos se nublen de vez en cuando y se me moje la cara con miedos y dolores estúpidos. Pueden pasar todas esas cosas, y está bien que ocurran. Es lo normal, creo yo.
Todo esto puede darse siempre y cuando lo que se sienta sea perfecto y se asemeje a una fortaleza donde los soldados no duerman, ni día ni noche, esperando la hora en que cantarán victoria.
Mis soldados están cargados hasta los dientes con Redbull. Así que, en definitiva, no tengo a qué temerle.

12.5.10

Funtime

En base a pura observación de mi entorno, como buen hombre cargado con las armas de la introspección, pude concluir que el hedonismo no es más que una sutil, y muy entretenida, forma de autodestrucción.
Si bien muchas personas podrían tildar dicha conclusión de moralista, es evidente que decantando un poco los datos, analizando e interpretando, uno puede darse cuenta de que es cierto. En el hedonismo no hay más que una eterna evasión, un dar la espalda a eso que no queremos ver, a eso que no sabemos cómo enfrentar. Porque mirar de frente todo lo que conlleva la propia experiencia de vida y además divertirse no es hedonismo: el equilibrio, la conciencia y el autocuidado lo sacan de esa categoría.
Sin embargo, es fácil caer en sus garras, y hundirse en las arenas movedizas que eventualmente no dejan salir. La única forma de evitarlo es adoptando el rango de constructor, armando de a poco edificaciones reales que soporten grandes adversidades, y refugiarse dentro. Aunque a veces uno no lo crea, estufas no faltan.

7.5.10

Momento flaite (U)

Puta, nah' poh. Se me fue lo literario a la cresta, pero eso suele pasar y es súper válido. La weá es que la dura que no quiero más malos ratos, porque onda, así por ser, como que te quiero forever a mi lado. Así, a la vena, como el flaite que hoy pateó mi micro (puta, ojalá estuviera bromeando)
Bueno, eso poh. Chaolín.

5.5.10

La vida después del miedo

Y se deshizo del miedo como si fuera una chaqueta vieja, roñosa, de esas que se usan sólo por necesidad. Olvidó las lecciones de filosofía en que el profesor le insistía que el miedo es el mejor maestro. Ya llevaba muchos años aprendiendo de esa manera, y prefirió ir en busca de otras pedagogías.
Estaba convencido de que la seguridad no era definible por las ciencias empíricas, los carabineros bien parados o alguno de sus tanques lanzallamas. Esas eran manifestaciones desvirtuadas de un tema más profundo, anclado en lo recóndito de la bomba que nos da la vida. La seguridad, en el torbellino mágico que nos hace dormir y despertar todos los días, se encuentra carente detrás del pecho, reclamando alimento día a día. Es esa hambre la que aterra.
Él se deshizo de toda esa porquería en primer lugar porque ya le parecía suficiente, pero si pensaba así era por una simple razón: el alimento estaba llegando periódicamente, irrigando cada vena de su cuerpo y dándole vida a todos los órganos que gritaban por dentro, sin poder controlarse, que por fin habían hallado la paz.

30.4.10

El reposo

Pepito nunca tuvo la costumbre de reposar. Por lo general, después de comer se disponía a realizar sus dinámicas típicas: salir, estudiar, ir al computador, leer o fumar... pero nunca había pensado en darse un tiempo para descansar. El ritmo vertiginoso de su vida, de alguna forma, lo absorbía por completo. Y es por eso que prefería no pensar en él ni en sus confusos entramados mentales, optando por la evasión y por seguir el vaivén mínimo de una vida seudolineal, y por tanto aburrida.
Un día, a pesar de su miedo a los cambios, Pepito se preparó y experimentó el fenómeno del reposo post-almuerzo, empujado por quien sería la persona con la que querría permanecer para el resto de su vida.
Resultado: sintió como si hubiese encontrado el control remoto de la vida, junto al ticket que lo llevaría a ser una estrella sin siquiera haber actuado una vez.
Pepito se sintió tranquilo y feliz, cómodo en los brazos del reposo, y ansioso por volver a almorzar y repetir la acción una y otra vez.
 

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